La Belleza de Rompernos... un año después
- fatimaagycoelho
- 16 may
- 3 min de lectura
Y así, casi sin darme cuenta, han pasado 365 días desde que solté al mundo una de las partes más íntimas de mí.
A veces intento hacer memoria de todo lo que ha ocurrido desde aquel 16 de mayo de 2025, y lo que encuentro no es una línea de tiempo, sino un viaje. Uno de esos que se sienten largos no por los días que transcurren, sino por todo lo que pasa desde el día uno.
La Belleza de Rompernos me ha regalado mucho más de lo que alguna vez imaginé. Y no hablo de números (aunque para los curiosos, ya son más de 250 ejemplares vendidos), sino de algo mucho más difícil de medir: momentos, personas, conversaciones, oportunidades, espejos.
Yo solo quería dejar en algún lugar una historia que no dejaba de inquietarme el alma. Después de más de un año escribiendo, corrigiendo y volviendo a empezar, un día el libro simplemente fue. Y con él, también lo fue esa versión de mí que necesitaba contarlo.
Sin grandes pretensiones editoriales, este año me regaló la experiencia completa de ser autora. Hubo un lanzamiento oficial, su venta en las librerías, firmas, feria del libro, entrevistas, conferencias. Incluso nació el taller Resiliencia Generativa, un espacio que me ha permitido llevar el mensaje del libro a organizaciones y empresas que hoy entienden la importancia de hablar de lo que sentimos.
Pero si soy honesta, lo más valioso no ha estado ahí.
Ha estado en las personas que se me acercan y, con mucho coraje, me dicen: “yo he llorado igual”.
Porque entonces entendí que mi historia dejó de ser mía el día que alguien más se vio en ella.
Y que no hay dolor más difícil de llevar que aquel que no es visto.
Ver cómo el libro despertó valentía en otros, cómo inspiró a algunos a escribir el suyo, cómo abrió conversaciones que antes no tenían lugar… ha sido, sin duda, uno de los regalos más grandes de este año. Cada persona que me pidió “cómo hago para publicar mi libro” no solo buscaba una respuesta, me estaba recordando algo esencial: que cuando nos atrevemos a hacer realidad lo que soñamos, muchas veces nos convertimos en el puente para que otros también lo hagan.
Como todo viaje que vale la pena, este tampoco lo hice sola.
Mi libro fue imán de amor, de apoyo, de generosidad. Mi familia, mis amigos, Siegfried, personas que estaban (y otras con las que conversé después de años) se hicieron parte de esta historia. Y entendí que las historias más significativas no solo se escriben… se sostienen.
A veces incluso olvido que el libro existe. Y cuando alguien me dice “qué lindo lo de tu libro”, recuerdo que hay historias que, una vez que las soltamos, encuentran su propio lugar en el mundo.
Y quizás eso es lo más bonito de todo.
Que ya no la siento completamente mía.
Hoy puedo leer La Belleza de Rompernos como quien ve una película en la que alguna vez vivió: hay momentos en los que me reconozco profundamente, y otros en los que siento distancia. Y lejos de ser extraño, es profundamente liberador.
Tal vez así se siente ver crecer algo que un día fue parte de ti.
Yo publiqué mi historia para poder tener una nueva.
Y así ha sido.
Un año después, la miro con otros ojos. Con más humildad. Con más conciencia de que sanar no es una meta que se alcanza, sino un proceso que se elige, una y otra vez. No escribí un libro porque tuviera todas las respuestas, ni porque el dolor hubiese dejado de doler. Lo escribí porque necesitaba convertirlo en una lección indeleble.
Y todavía lo sigo haciendo.
Gracias a todos los que no solo leyeron este libro, sino que lo hicieron suyo. Que lo compartieron (fueron muuuuchos los que compraron una copia para ayudar a otro), lo sintieron, me escribieron, me encontraron. Gracias por no dejarlo quedarse en una gaveta.
Este ha sido, sin duda, uno de los capítulos más felices de mi vida.
Y lo que más me emociona un año después es saber… que aún no termina. ¿La Belleza de Rompernos 2?



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