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Vivimos un terremoto y nos regalaron una segunda oportunidad

11 oct
3 min de lectura

El terremoto de magnitud 7,7 que vivimos en Panamá el pasado 9 de octubre nos recordó el poco control que tenemos sobre la realidad y cómo nuestros planes pueden perder validez, importancia y hasta sentido de un segundo a otro.

Fuimos muy afortunados. Muchos en Panamá podemos hoy continuar con nuestras vidas prácticamente bajo las mismas condiciones que teníamos antes de aquel viernes.

Por otras razones, desde hace un par de semanas estoy particularmente conectada con el agradecimiento, el amor de Dios y el cuidado de mi ángel de la guarda. Y aunque hoy el sentimiento general es de mucho miedo y precaución, yo me siento como si me hubiesen notificado que gané un premio que me cambió la vida: viví un terremoto y estoy perfecta. Los que quiero están perfectos.

Eso no disminuye mi empatía y solidaridad con quienes han sufrido pérdidas materiales o han visto alterada su cotidianidad. Confío profundamente en la resiliencia de este maravilloso país y en la solidaridad de sus aliados para reconstruir lo que se quebró.

Pero… ¿y si no hubiese sido así?

¿Y si hoy el terremoto nos hubiese cambiado la vida contundentemente?

¿De qué te arrepentirías por no haberlo hecho? ¿Qué decisión sí tomaste y hoy agradeces haber tomado? ¿Qué llevas demasiado tiempo postergando, como si tuvieras garantizada la oportunidad de hacerlo después?

Yo no sé si la vida es corta o larga, pero lo que sí sé es que tenemos una sola oportunidad de vivir esta vida que hoy conocemos. Una sola y finita oportunidad de ser quienes somos, de coincidir con quienes hoy amamos y nos aman.

El tiempo para perdonar y ser perdonados es ahora.

Y si te pregunto: ¿qué es lo más grande de la vida para ti? ¿Lo estás viviendo? ¿Lo estás haciendo?

Hace unos días, durante un almuerzo de trabajo, alguien me compartió una metáfora que no ha dejado de darme vueltas en la cabeza:

Imagina que Dios te regala un Ferrari. Un automóvil extraordinario, diseñado para alcanzar velocidades increíbles. Y tú, por miedo a estrellarlo, decides conducirlo toda tu vida a 30 kilómetros por hora.

Cuando llegues al cielo y le devuelvas las llaves, quizás Dios no te pregunte si lo rayaste, si gastaste los neumáticos o si tuvo algún desperfecto.

Quizás simplemente te pregunte: «Te di un Ferrari. ¿A qué velocidad lo corriste?».

Y es que la huella que vamos a dejar en el mundo y en los corazones de quienes nos rodean la estamos construyendo hoy.

Si nuestra historia hubiese terminado aquel 9 de octubre, ¿cuál habría sido esa huella?

Mañana, mi mayor celebración a la vida será, precisamente, poder continuar con mi cotidianidad.

Voy a despertarme temprano para hacer ejercicio, porque sigo teniendo un cuerpo ileso y sano que se mueve y responde a mis deseos.

Voy a meditar, porque sigo teniendo mi mismo teléfono, con esa aplicación que me acompaña en mis momentos de pausa.

Voy a trabajar apasionadamente en la empresa de la que formo parte, con mi equipo y mis clientes, porque seguimos estando aquí y porque la mayoría de los proyectos que teníamos hasta el viernes siguen siendo posibles.

Voy a saludar a mi mamá y a mis hermanos en nuestro grupo de la familia, aunque todos estemos en países distintos, y decirles que los quiero mucho.

Voy a preguntarle a mis amigos cómo están.

Voy a comer saludablemente, como procuro hacerlo la mayoría de los días, porque sigo teniendo alimentos a mi disposición y la posibilidad de elegir cómo cuidarme.

Voy a agradecerle a Dios por mi Ferrari, pedirle que me dé la sabiduría para correrlo de la mejor manera y seguir tratando de que quien se tropiece conmigo no lamente haberlo hecho.

Y voy a seguir pendiente de lo que Panamá necesita, para que muy pronto podamos celebrar que, después del 9 de octubre, lo que hoy lamentamos haya podido reconstruirse y que este país salga fortalecido de lo vivido.

Quizás eso sea también una segunda oportunidad: no necesariamente empezar una vida distinta, sino aprender a mirar con otros ojos la que ya tenemos.

Gracias, Dios, por esta segunda oportunidad.


 
 
 

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